La lluvia cayó sobre la Ciudad de México la noche del 11 de septiembre, pero para cuando Psychedelic Porn Crumpets subió al escenario de ORBE, poco importaba quién había llegado mojado. En punto de las 9 de la noche, los primeros acordes de “Salsa Verde” pusieron en marcha una noche que rápidamente se convirtió en sudor, estrobos, cerveza volando y gente pasando por encima de nuestras cabezas.
Los australianos salieron efusivos desde el primer minuto. El público respondió igual.

ORBE todavía se siente nuevo. Muy nuevo. El venue conserva incluso ese olor a pintura fresca y, entre la oscuridad, la gente todavía parecía estar aprendiendo a moverse por sus rincones. Algunos escalones estratégicamente escondidos se convirtieron en pequeñas trampas que durante la noche hicieron tropezar a más de uno y mandaron algunas cervezas a volar como si fueran parte del show.
Ya instalados, el lugar funciona bastante bien para un show de estas dimensiones: tres barras, balcones, una mesa de merch y dos grupos de baños para los asistentes. Pero el verdadero protagonista era, naturalmente, el escenario.

Los estrobos acompañaron perfectamente el caos psicodélico de PPC. Después de “Salsa Verde” llegaron “Manny’s Ready to Roll”, “Lava Lamp Pisco” y “Juice A Jumbo Jet”, y para entonces el público ya estaba completamente metido en el show. Con “The Real Contra Band” y “Mundungus”, la energía seguía creciendo y quedaba claro que aquello no iba a ser precisamente una noche tranquila.
Para cuando sonó “Nootmare (K-I-L-L-I-n-G) Meow!”, ORBE era una pequeña colección de la fauna que suele reunirse alrededor de Psychedelic Porn Crumpets: veinteañeros, treintañeros, gente mayor, fans clavados, curiosos y, sí, un furro que estaba absolutamente comprometido con la causa y lo estaba dando todo entre el público.

Y quizá esa sea una buena manera de explicar un show de PPC: aquí cabe todo el mundo.
La psicodelia pesada de “Found God in a Tomato” fue uno de los momentos más reconocibles de la noche, seguida por “Cornflake” y “Cubensis Lenses”. Para entonces, desde hacía rato, algunos asistentes habían decidido que el piso ya no les alcanzaba y comenzaron a recorrer el venue haciendo crowd surfing.

En este punto ya no importaba haber llegado empapados por la lluvia unas horas antes.
Sobre el escenario, la banda también parecía genuinamente sorprendida con la respuesta. Entre canciones comentaron que el de Ciudad de México era el show más grande que habían dado en lo que iba del año. Al día siguiente les esperaba el viaje rumbo a Austin para tocar en Levitation, pero esa noche la atención estaba puesta completamente en ORBE.

Todavía quedaban “Hot! Heat! Wow! Hot!”, “November”, “March On for Pax Romana” y “Another Reincarnation” antes de que la banda abandonara momentáneamente el escenario.
Obviamente, nadie se iba.
Psychedelic Porn Crumpets regresó para cerrar con “Hymn for a Droid”, una última descarga que encontró al público exactamente como había estado durante buena parte del concierto: saltando, gritando, haciendo crowd surfing y exprimiendo lo que quedaba de energía.

Afuera, la CDMX seguía húmeda. Adentro quedaban vasos vacíos, ropa mojada, el olor a pintura nueva y esa sensación particular de haber visto a una banda encontrarse con un público que tenía exactamente las mismas ganas de estar ahí.
Psychedelic Porn Crumpets llegó a ORBE, tocó fuerte, hizo volar gente y cervezas y reunió una fauna tan diversa que hasta hubo furro.
Una noche muy PPC.
