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Candelabro en Guadalajara: el deseo y la voluntad de llegar hasta el final

Candelabro en Guadalajara: el deseo y la voluntad de llegar hasta el final

Candelabro en Guadalajara Cassini Candelabro en Guadalajara Cassini

Después de una gira que estuvo lejos de desarrollarse sin contratiempos, Candelabro encontró en Guadalajara el escenario para despedirse de México. La agrupación chilena llegó al C4 el pasado sábado 24 de octubre para presentar Deseo, Carne y Voluntad (2025), uno de los discos más interesantes de la escena alternativa latinoamericana reciente, y demostrar que su propuesta musical tiene mucho más que ofrecer que una simple combinación de géneros.

Su recorrido por la República Mexicana no estuvo exento de dificultades. Durante su primera presentación en el Foro Indie Rocks! de la Ciudad de México, las quejas vecinales por el ruido y las vibraciones ocasionaron constantes interrupciones que terminaron por acortar el concierto. La situación obligó a trasladar su segunda fecha al House of Vans, donde finalmente pudieron ofrecer el espectáculo completo.

Sin embargo, estos inconvenientes no impidieron que la banda continuara su gira por el país, encontrando en cada ciudad una oportunidad para conectar con un público que parece identificarse cada vez más con la vulnerabilidad y la intensidad de sus canciones.

¡Desalambrar!

La presentación en Guadalajara dejó claro que Candelabro es una banda que entiende la importancia de los contrastes. Su sonido transita entre el art rock, el post-punk y la experimentación instrumental, con arreglos que pueden pasar de la calma a una explosión de guitarras, saxofones y percusiones en cuestión de segundos.

Pero más allá de su capacidad musical, uno de los aspectos que mejor define a la agrupación es la manera en que aborda sentimientos tan cotidianos como la frustración, la incertidumbre y el deseo de seguir adelante.

Canciones como “Fracaso” y “Cáliz” concentraron buena parte de esa carga emocional. La primera encontró su fuerza en una sensación que resulta difícil de ignorar: el miedo a no cumplir con nuestras propias expectativas y la necesidad de continuar incluso cuando las cosas no salen como imaginábamos. Su interpretación convirtió esa vulnerabilidad en uno de los sentimientos más significativos de la noche.

Sentir las voces

Por su parte, “Cáliz” llevó esa intensidad hacia un terreno más introspectivo. Su desarrollo instrumental y la manera en que la voz de Matías Ávila se integra con el resto de la banda construyen una experiencia que oscila entre la angustia y la esperanza. Ambas canciones reflejan una de las mayores virtudes de Candelabro: encontrar belleza en sentimientos incómodos sin necesidad de ofrecer respuestas sencillas.

Pero la noche tampoco estuvo dedicada únicamente a la introspección. La banda encontró momentos para jugar con el repertorio y sorprender con dos versiones que difícilmente pasarían desapercibidas en México: “Diente Blanco, No Te Vayas”, de 31 Minutos, y “Querida”, de Juan Gabriel. Dos canciones provenientes de universos completamente distintos que, en manos de los chilenos, encontraron un lugar dentro de una presentación donde la nostalgia y la experimentación convivieron sin demasiadas explicaciones.

Entre canciones, Candelabro también aprovechó para hablar sobre lo que viene para la agrupación, asegurando que habrá nuevo material. Una noticia que deja buenas expectativas después de la recepción que ha tenido Deseo, Carne y Voluntad y que plantea una pregunta interesante sobre la dirección que tomará su sonido en los próximos años.

El anuncio también funcionó como un recordatorio de que, a pesar del reconocimiento que han conseguido recientemente, la banda todavía se encuentra en una etapa de crecimiento y exploración.

Esta tierra no está maldita

Otro de los momentos que distinguieron la presentación llegó durante su despedida de Guadalajara. Antes de abandonar el escenario, la agrupación hizo mención a la problemática del agua que atraviesa Jalisco, demostrando interés por una situación que afecta directamente a la comunidad que los recibió aquella noche.

El gesto resultó significativo porque fue más allá del habitual agradecimiento al público. En una presentación donde la vulnerabilidad, las preocupaciones sociales y los conflictos personales forman parte esencial de las canciones, reconocer una problemática local mantuvo esa misma sensibilidad fuera de la música.

Al final, Candelabro consiguió cerrar su recorrido mexicano dejando una impresión que va más allá de su ejecución instrumental. Después de los problemas en la capital, la agrupación logró completar una gira que confirmó el interés del público nacional por propuestas musicales que no necesariamente buscan ser inmediatas o fáciles de digerir.

Guadalajara fue testigo de una banda que todavía tiene mucho por explorar, pero que ya cuenta con una identidad difícil de confundir. Entre canciones sobre el fracaso, la fe y la incertidumbre, Candelabro encontró una manera de conectar con quienes reconocen algo propio en sus letras.

Texto y fotos por Diego Arregui (@queputonombre).

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