Hay momentos en los que crecer significa aprender a mirar las cosas desde otro lugar. Entender que aquello que alguna vez nos atravesó por completo puede transformarse con el tiempo. Que soltar también es una forma de crear, y que, incluso cuando sentimos que todo se detiene, el mundo continúa girando.
Existe algo característico en la manera en que Fernanda Sepúlveda, artísticamente conocida como Akriila, construye su universo musical: el sentimentalismo y el uso de figuras retóricas que convierten las emociones en imágenes con las que es posible identificarse.
Su escritura no solo busca expresar lo que siente, sino también darle forma a experiencias que, muchas veces, resultan difíciles de nombrar.
Bajo esa sensibilidad nace lucy miró al mundo y notó que está girando (2026), un título cuya fuerza metafórica invita a mirar hacia dentro para, eventualmente, volver la vista hacia afuera.
La frase evoca esa sensación de estar tan inmersos en nuestros propios conflictos que perdemos de vista todo lo que sucede a nuestro alrededor, hasta que algo nos recuerda que la vida no se reduce a aquello que nos duele.
Crecer, entonces, también implica aprender a tomar distancia, aceptar que las emociones se transforman y comprender que soltar no significa restarle importancia a lo vivido.
Esta idea adquiere una dimensión distinta cuando el proyecto sale de los audífonos y llega al escenario.
Mirando el mundo
En su pasada presentación en Guadalajara, el show de Akriila encontró una nueva forma de acercarse a su público sin dejar de lado la energía que caracteriza su propuesta, junto con una nueva sensibilidad emocional mezclando nuevos recursos musicales.
La noche del pasado 09 de octubre, la Perla Tapatía tuvo el privilegio de poder mirar el mundo y notar que está girando junto con Akriila en las instalaciones del C4 Concert House; contando con la participación de FaceBrooklyn como invitado especial y telonero del show.
Lo interesante de esta nueva era es que el cambio no necesariamente implica renunciar a lo que ya existía. Akrii mantiene esa fuerza que atraviesa su música, esa capacidad de moverse entre sonidos y emociones sin encasillarse en una sola forma de expresión.
Sin embargo, hay algo diferente en la manera en que se percibe esta presentación. La energía sigue ahí, pero convive con una intención más íntima. La intensidad ya no se siente únicamente como una descarga, sino también como un espacio para detenerse y reconocer lo que ocurre dentro de uno mismo.
El concierto se convirtió en una oportunidad para acercarse a una faceta distinta de su proyecto: una propuesta que conserva la energía y la identidad que la han caracterizado (como los visuales y un esquema de iluminación en tonos rojizos), pero que ahora parece interesada en explorar otros lugares de la sensibilidad.

Breve pero concisa carrera
Su setlist fue una combinación entre varios temas de su destacado álbum epistolares (2024) que mantuviera una energía eufórica a la hora de corear como ‘epitafio’, ‘superficial’ o ‘mal comunicada’, pero a su vez, que también tuvieran un acorde similar al de lucy (2026) y teniendo nuevas propuestas de iluminación más íntimas para cantar temas como ‘santiago de chile’ o ‘moriría y moriría’.
La presentación de Akriila con lucy miró al mundo y notó que está girando (2026) parece abrir una conversación distinta. No se trata de establecer una ruptura definitiva entre ninguno de sus proyectos, sino de reconocer cómo una artista puede conservar su esencia mientras cambia la perspectiva desde la que escribe, interpreta y se relaciona con su propia música.
Más que pensar en lucy como un simple cambio de dirección musical, resulta interesante entenderlo como una transformación en la forma de habitar las emociones.
Fernanda no necesita desprenderse de su identidad anterior para explorar nuevas posibilidades; puede llevar consigo lo que fue y, al mismo tiempo, permitirse mirar hacia otro horizonte.
Al final, lo que permanece es la sensación de estar frente a un proyecto que continúa moviéndose.

Akriila en Guadalajara, la posibilidad de continuar
Akriila conserva la energía que la distingue, pero ahora abre espacio para la introspección, la memoria y la posibilidad de soltar.
No todo tiene que resolverse para que podamos seguir adelante. No todas las despedidas significan una pérdida definitiva, ni todos los cambios exigen olvidar de dónde venimos.
El mundo sigue girando, incluso cuando todavía intentamos entender lo que nos pasa. Y quizá la belleza de esta nueva etapa de Akriila está precisamente ahí: en recordarnos que crecer no significa dejar de sentir, sino aprender a mirar lo que sentimos desde otro lugar.
En Guadalajara, lucy miró al mundo y notó que está girando y encontró una nueva forma de plantearse esa pregunta…
Lo que viene después de soltar no siempre es una respuesta; a veces, simplemente, es la posibilidad de continuar.
Fotos por Edson Wong (_vvong).

