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Rosalía en Guadalajara y la resignificación de lo sagrado

Rosalía en Guadalajara y la resignificación de lo sagrado

Rosalía en Guadalajara Rosalía en Guadalajara

«Primero amaré el mundo y luego amaré a Dios».

El 15 de agosto, Rosalía abrió su tour por México en la Arena VFG de Guadalajara, trayendo LUX (2025), un álbum que está construido alrededor de la espiritualidad, el misticismo, Dios, la trascendencia y el lenguaje religioso.

Estas referencias se sienten tan palpables en el concierto, Rosalía invierte el orden de la jerarquía religiosa. Primero está el mundo, lo corporal, lo terrenal, el performance, la música y después Dios.

Primero amar el mundo

Al igual que el propio LUX (2025), el evento comenzó con ‘Sexo, Violencia y Llantas‘. Una canción que habla de no abandonar el mundo para llegar a Dios, sino amar la creación antes de amar al creador. La mejor manera de iniciar esta ceremonia. 

Rosalia juega con la idea del cuerpo femenino y su poder dentro del lenguaje religioso, usando elementos físicos, como luces, colores y vestuarios, que demuestran esta tradición mística: el cuerpo como vehículo de revelación y no como algo que deba ser negado.

El lenguaje es un elemento importante en su carrera, y este álbum está lleno de idiomas. La manera de poder expresar su pasión por ellos fue poner subtítulos al castellano en las pantallas de la VFG y así poder conectar con el público de una manera más íntima, que si ya las canciones conmovían por sí solas, sabiendo el significado conmueven aún más.

Hablando de la producción, se muestra exquisita detrás de cada paso. Y no es para menos: ya desde su visita al país con MOTOMAMI (2022) en agosto de hace cuatro años, o hasta cuando pisó el Zócalo, se sabía que el camino iba por ahí. La performance es su terreno, y la teatralidad, convocada en la humanidad, su magistralidad.

Lo interesante es que LUX (2025) habla de diferentes temas que son absolutamente palpables y contemporáneos como el deseo, la fiesta, la tecnología, las relaciones, la ansiedad, el cuerpo y la fama. Y en el show per sé hay una relación bastante directa entre la liturgia católica, el teatro sacro, la pintura religiosa y el performance.

Por lo tanto, no solo se trata de un concierto, sino de un recorrido, un ritual y una ceremonia.

Primero amar el mundo

Rosi toma la estructura de una experiencia religiosa у la convierte en una experiencia artística. Al igual que anteriores shows, éste igualmente se divide en cuatro actos. Y aunque desconozco sus nombres exactos, trataré de ponerles uno propio para cada conforme a mi interpretación:

  1. Aparición: «A través de mi cuerpo, puedes ver la luz» o en la biblia Mateo 5:14. El cuerpo como vehículo de revelación. Rosalía aparece en una caja, vestida de bailarina, revelándose ante todo su público. Una aparición.
  2. Confesionario: Hay un confesionario dentro de la ceremonia (o, en este caso, el concierto). Y esto es bastante cómico, pues es un espacio donde invita a diferentes celebridades para hablar sobre sus pecados más recónditos, ya que como sabemos, religiosamente el confesionario es un espacio diseñado para decir aquello que no puede decirse públicamente. Esto lo convierte en un espacio seguro para lo llamado mundano e impuro.
  3. Cruz: «Dios es un Stalker» o en la biblia: una Omnipresencia divina. Aquí la escenografía juega un papel importantísimo, pues tiene una estructura que forma una cruz latina, y en esa zona se encuentra la orquesta. Y para hacer aún más fuerte esta similitud con el ritual religioso, del techo aparece un Censer, del cual sale humo, imitando al incienso en una misa. En la liturgia es una manera de hacer sensible algo que, por definición, es invisible. O en la biblia: Salmo 141:2. Lo que nos explica que no se trata de solo humo, sino de una representación visual de la oración convirtiéndose en presencia. Una purificación.
  4. El final: mi etapa favorita, pues aquí hay dos canciones sumamente bonitas y conmovedoras, ‘Sauvignon blanc‘, la canción que referencia a Santa Teresa de Jesús y su gran labor en la fundación de la orden de las Carmelitas descalzas. Y ‘Magnolias‘, la canción para su muerte. Una forma de despedirse del mundo terrenal y despojarse de todo lo que eso conlleva para subir al cielo. Estas dos piezas rodean y abrazan aún más el misticismo y la idea de la muerte. Y finalmente, terminando siendo una forma especial de terminar un show tan espiritualmente bello.

Es también preciso hablar de las referencias pictóricas y de escultura que Rosalia utilizó en su show:

El aquelarre de Francisco de Goya, El nacimiento de Venus de Sandro Botticelli, La Venus del espejo de Diego Velázquez y El éxtasis de Santa Teresa de Bernini. Además de la iconografía tan clara de Santa Teresa de Ávila, San Juan de la Cruz y de Rābiʿa al-ʿAdawiyya, por mencionar algunos. Esto, más que simples referencias visuales y conceptuales, reflejan el grado de multidisciplina de la performance.

Rosalía en Guadalajara, la performance reinventándose a sí misma

Rosalía vino a revolucionar la manera en la que percibimos los conciertos, desde MOTOMAMI (2022), sabíamos que era una artista completa.

Una mujer que sabía unir la pasión por la música y el performance, pero este tour cruzó toda frontera posible. Una artista que puede mezclar sus propias canciones y hacer un cover de ‘Thank You‘ de Dido y ‘Can’t Take My Eyes of You‘, algo que… solo ella podría. Sin olvidar también la forma en la que cae de espaldas al terminar el concierto, una clara referencia a la película El Cisne Negro (2010) de Darren Aronofsky. 

Rosi nos invita como espectadores no solo a observar una historia sobre la trascendencia divina; sino que nos invita a vivir la experiencia completa. 

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