¿Cómo debería sonar un grupo después de cuatro años de ausencia?
Para BTS, la respuesta no podía ser sencilla. Durante el tiempo que los siete integrantes estuvieron separados por el servicio militar, la industria que los vio crecer no se quedó quieta. El K-pop continuó expandiéndose, nuevos artistas ocuparon espacios y la llamada: ola Hallyu, alcanzó todavía más lugares. Mientras tanto, RM, Jin, SUGA, j-hope, Jimin, V y Jung Kook también cambiaron: crecieron, exploraron sus propias identidades musicales y vivieron experiencias que, inevitablemente, tenían que encontrar un lugar en su siguiente capítulo.
Por eso, ARIRANG (2026) no se siente únicamente como el regreso del grupo. Es un BTS 2.0.
Después de una década de carrera, los siete ya no son aquellos jóvenes que comenzaron haciendo hip-hop y rap con la intención de hacerse un lugar dentro de una industria que todavía no los reconocía. Tampoco son exactamente el grupo que dejó los escenarios antes de comenzar su servicio militar. Hoy son hombres en sus treinta, con una trayectoria que los convirtió en uno de los principales exponentes del K-pop y, al mismo tiempo, en artistas que ya no parecen competir únicamente contra otros grupos de éste género.
Ahora la competencia es distinta: contra su propio legado, contra las expectativas construidas durante su ausencia y contra la industria musical global en la que ellos mismos ayudaron a abrir camino.
ARIRANG (2026), su quinto álbum de estudio, es la respuesta que eligieron para comenzar ese nuevo capítulo. Con catorce canciones —quince en la edición exclusiva en vinilo—, el disco mira hacia atrás, pero no intenta regresar al pasado.

Volver a las raíces
No es casualidad que el álbum se llame ARIRANG (2026). La canción folclórica coreana que da nombre al disco está profundamente relacionada con ideas como la nostalgia, la separación, el amor, el anhelo y la resiliencia.
Sus múltiples versiones han hecho de ‘Arirang‘ una referencia cultural que puede significar cosas distintas dependiendo de quién la escuche. Para BTS, esa amplitud también permitió llevar el concepto más allá de una canción tradicional, convirtiéndolo en una idea sobre la identidad, las raíces y aquello a lo que siempre terminamos regresando.
Desde las primeras etapas de promoción, el grupo construyó alrededor del álbum un universo que hablaba de este regreso. La campaña global: ‘WHAT IS YOUR LOVE SONG?‘, tomó la pregunta sobre cuál es esa canción que cada persona relaciona con el amor, el recuerdo o una experiencia importante y la llevó a espacios físicos y redes sociales. De esta manera, Arirang dejó de ser únicamente una referencia a Corea para convertirse también en un concepto emocional.
La identidad coreana también aparece en la construcción visual del álbum y en las referencias a los siete integrantes como un grupo completamente coreano. La sesión fotográfica principal, con su evocación de aquellos siete estudiantes coreanos que viajaron a Estados Unidos, conecta con una historia que parece mirar al pasado desde el presente: aquellos siete que alguna vez cruzaron una frontera para descubrir otro mundo ahora son siete artistas que regresan a ese mismo escenario desde una posición completamente distinta.
Incluso dentro de las canciones, las referencias aparecen de maneras más discretas. En ‘Body to Body‘, el cierre de la canción incorpora instrumentos tradicionales y un coro que interpreta una parte de la canción ‘Arirang’, creando un puente entre la modernidad del álbum y la memoria cultural que le da nombre.
En ‘Aliens’, hay una referencia a Kim Koo y la frase: ‘Everybody know now where the K is’ vuelven a colocar la identidad coreana dentro de una conversación global, pues RM conecta este pensamiento histórico con el fenómeno global de la ola hallyu, sugiriendo que el sueño de Kim Koo de conquistar el mundo a través del arte y la identidad cultural.
ARIRANG (2026) quizá no siempre suena tan coreano como algunas personas esperaban. Pero eso no significa que BTS haya dejado atrás sus raíces culturales.
Quizá el punto está precisamente ahí: después de años intentando llevar lo coreano al mundo, ahora pueden hablar desde ese lugar sin necesidad de limitarse a una sola forma de representarlo.
Mirar atrás sin regresar
Una de las cosas que más disfruto de ARIRANG (2026) es que BTS parece reconocer su pasado sin intentar repetirlo. Durante las primeras cinco canciones hay una energía que recuerda a algunos de sus trabajos anteriores: el hip-hop y el rap que estuvieron presentes desde sus comienzos, la actitud de Dark & Wild (2014) y ciertas emociones más densas que también encontramos en Love Yourself: Tear (2018). Pero no se siente como un intento de fabricar nostalgia.
Es más bien una recuperación de elementos que siempre han formado parte de BTS.
La primera mitad del álbum es explosiva. ‘Body to Body‘, ‘Hooligan‘ y ‘FYA’, entre otras, parecen construidas para ser escuchadas a todo volumen y, sobre todo, para existir frente a un público. En entrevistas, los integrantes hablan de su intención de regresar a sus raíces y de cómo varias de estas canciones recuperan ese lado más rapero de sus primeros años. ‘FYA‘, por ejemplo, terminó convirtiéndose en una de las canciones que más disfrutan interpretar sobre el escenario.
Pero escuchar estos elementos en 2026 no produce exactamente la misma sensación que escucharlos hace diez años. Porque BTS tampoco es el mismo grupo.
Y eso se nota en la manera en que los siete construyen el álbum juntos.
Después de años en los que cada integrante tuvo la oportunidad de explorar su identidad a través de proyectos individuales, ARIRANG (2026) se siente particularmente cohesivo. Las catorce canciones son trabajos grupales y cada integrante participa en el proceso creativo; durante las sesiones llegaron a trabajar en alrededor de 120 canciones antes de decidir cuáles formarían parte del disco.
La diferencia también se percibe en la distribución de las voces. Ya no se siente como una colección de canciones para la rap line, la vocal line o un integrante en particular. Los siete están presentes como grupo.
Después de cuatro años separados, eso importa. Pues este álbum, no solamente marca su regreso. Marca el regreso de BTS como BTS.

Entre Corea y el mundo
Pero hay una contradicción interesante en todo esto. Si ARIRANG habla de regresar a las raíces, ¿qué significa que una parte importante del álbum esté construida en inglés?
Fue una de mis principales dudas al escucharlo. Me gusta el resultado, pero sí extrañé una mayor presencia del coreano. Al mismo tiempo, entiendo que BTS ya no trabaja desde el mismo lugar que hace diez años. Con productores internacionales como Diplo, Mike WiLL Made-It, Ryan Tedder, Kevin Parker, El Guincho y JPEGMAFIA, el álbum abraza un sonido más cercano al mainstream global y refleja el lugar que el grupo ocupa actualmente.
BTS ya no compite solamente con otros grupos de K-pop. La industria completa está mirando hacia ellos. Por eso, reducir ARIRANG (2026) a una pérdida de sus raíces por utilizar más inglés sería simplificar demasiado el álbum. Corea sigue presente en su concepto, sus sonidos, sus referencias y la historia que los siete cuentan juntos.
Quizás no suena tan coreano como algunas personas esperaban, pero eso no significa que ellos hayan dejado de hablar desde sus raíces. El álbum no necesita sonar tradicional de principio a fin para hablar de Corea. Tal vez esa sea precisamente una de las preguntas que plantea este regreso: ¿qué significa ser coreano después de haberse convertido en un fenómeno global?

El sonido de la campana: una pausa para seguir avanzando
Después de la intensidad de la primera mitad llega ‘No. 29‘, un interludio construido a partir del sonido de la campana divina del Rey Seongdeok, una pieza del siglo VIII considerada el Tesoro Nacional número 29 de Corea. Su duración corresponde al tiempo que permanece vibrando la campana y funciona como una pausa que divide el álbum en dos.
A partir de aquí, BTS cambia de ritmo. Si la primera mitad recupera la energía de sus raíces, ‘SWIM‘, ‘Merry Go Round‘ y ‘NORMAL‘ abren un espacio más reflexivo, aunque no necesariamente menos intenso. Las canciones hablan de avanzar a pesar de la incertidumbre, resistir los ciclos de la vida, enfrentarse a lo que significa vivir bajo la mirada pública y permitirse vivir y querer con libertad.
‘SWIM‘ quizá resume mejor este cambio: en lugar de luchar contra la corriente, propone seguir avanzando a nuestro propio ritmo. RM ha explicado que la canción nació de su propia experiencia atravesando los días del servicio militar y de la idea de simplemente seguir nadando, día tras día.
La segunda mitad pierde parte de la energía inicial, sí, pero no necesariamente pierde fuerza, pues cambia la manera en que la utiliza. Después de cuatro años, BTS no necesita demostrar que puede volver a llenar un escenario; puede permitirse detenerse, mirar dónde está y preguntarse qué sigue.
Ya no están en sus veinte, y ARIRANG (2026) tampoco intenta hacerlos sonar como si todavía lo estuvieran. La euforia del regreso poco a poco se transforma en contemplación, hasta llegar a ‘Into the Sun‘, un cierre que convierte esa pausa en una última declaración de movimiento hacia adelante.
Volver sin regresar como antes
Cuando los siete se fueron al servicio militar, el K-pop no se congeló. La industria continuó creciendo, aparecieron nuevos artistas y la música coreana siguió expandiéndose alrededor del mundo. BTS, mientras tanto, también cambió. Cada integrante exploró su identidad musical por separado y vivió experiencias que ahora regresan al grupo. Su regreso, entonces, no podía consistir únicamente en recuperar el lugar que tenían.
Tenían que regresar a un mundo que también había cambiado.
Y eso es lo que hace que ARIRANG (2026) se sienta como un segundo capítulo. El álbum no intenta recuperar al BTS de ‘Dynamite‘ o de sus primeros años; toma elementos de distintas etapas de su historia y los convierte en algo nuevo.
Después de escucharlo durante meses, mi percepción también cambió. Canciones que al principio no me convencían tanto fueron creciendo con las escuchas. La primera mitad continúa siendo mi favorita por su energía y por esa sensación de volver a escuchar a BTS, pero la segunda adquirió un peso diferente al llevar estas canciones fuera del álbum y, especialmente, al escenario.
‘Into the Sun‘, además de cerrar el álbum, cierra el concierto de la gira y convierte esa idea de seguir avanzando en una última declaración. Después de recorrer las distintas emociones del disco, los siete terminan cantando hacia adelante, acompañados por un público que también forma parte de esta nueva etapa.
Es un álbum sólido, cohesivo y cuidadosamente construido. Su mayor fortaleza está en conectar diferentes etapas del grupo sin convertirse en una colección de referencias a su pasado. La producción, el concepto y la participación de los siete integrantes hacen que se sienta como una obra completa.
No es perfecto. Me hubiera gustado un álbum un poco más extenso y, sobre todo, una mayor presencia del coreano. Algunas canciones también son tan breves que dejan la sensación de que podrían haber desarrollado todavía más sus ideas.
Aun así, después de meses de escucharlo, ARIRANG no ha perdido su fuerza. Al contrario: ha ganado significado.
