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Los20del25: 03: LUX de Rosalía

LUX de Rosalía LUX de Rosalía

Los20del25 es el conteo anual de tus y nuestros discos favoritos lanzados en 2025. Durante todo diciembre, los 20 discos más votados tendrán su respectiva reseña, donde abordaremos largo y tendido del porqué forman parte de lo mejor de este año. En el puesto 03, LUX de Rosalía.

Durante casi tres años, la presencia pública y musical de Rosalía fue medida, austera, casi contenida. En una industria que premia la hiperproducción y la inmediatez, ese gesto se tradujo en algo poco común: tiempo para decantar. 

LUX (2025) es el resultado directo de ese periodo de tiempo, un disco que no respondió a la urgencia del algoritmo ni de las masas, sino a una necesidad interna de forma y sentido. 

Es un proyecto que refleja la búsqueda espiritual con causa y compromiso. Un manifiesto hacia el mundo interno del otro para poder entender su fe y convicción.

Y creo que, para poder dar una opinión sobre LUX (2025) es importante poder canalizar aquellos detalles que hacen intervención en esta obra.

Sexo, violencia y llantas

Primeramente, el significado del título que tiene el álbum, ‘lux’ (luz, en latín) no alude a la iluminación como revelación definitiva, sino a una fuerza ambigua: algo que muestra, pero también hiere; que expone, pero transforma. 

Rosalía entiende la luz no como un consuelo inmediato, sino como un estado de conciencia que obliga a mirar de frente. 

Ahora, en la carátula del álbum hay dos frases plasmadas con un gran peso y significado connotativo, la primer frase es la que da el comienzo a este parteaguas: 

“Ninguna mujer pretendió nunca ser Dios.”
Räbi’a Al-’Adawiyya

Este enunciado proveniente de la mística sufí podría leerse e interpretarse como un umbral para entrar a LUX (2025), no como una renuncia, sino como una declaración de principios: lo divino no se conquista ni se gobierna, se experimenta. 

Y creo que desde ahí parte este proyecto, no busca erigirse como una verdad absoluta, sino como un espacio de tránsito, de canalización y de escucha profunda.

En ese sentido, el álbum se interpreta como una experiencia contemporánea, espiritual y expansiva, que exige tiempo, requiere escucha atenta y una disposición casi contemplativa, atravesando el cuerpo, el lenguaje y la importancia de la fe sin dogmas.

Más que un punto de quiebre, LUX (2025) funciona como un espacio de convergencia, un lugar donde las tensiones, obsesiones y preguntas que han atravesado su discografía desde el inicio encuentran una forma de coexistir.

Hablar de este álbum como un giro en la carrera de ROSALÍA sería impreciso y un tanto contraproducente.

LUX (2025) es el intento (ambicioso y consciente) de entender cómo ese cuerpo dialoga con lo invisible; es el reflejo y la estructura de una propuesta musical que lleva forjando por casi una década. 

Mi corazón nunca ha sido mío

Ahora, hablemos de los puntos claves en su discografía:

Este concepto se originó desde Los Ángeles (2017), su primer proyecto. Rosalía estableció una relación profunda con la tradición y con lo sagrado. Aquel disco, marcado por la sobriedad y el recogimiento, presentaba la voz como un acto casi devocional. 

El flamenco no aparecía como género a reinterpretar, sino como lenguaje espiritual, una vía para nombrar la pérdida, el duelo y aquello que no puede decirse de otro modo. 

Desde ese entonces, la música ya funcionaba como mediación entre lo humano y lo invisible.

Tiempo después, El Mal Querer (2018) transformó esa sensibilidad íntima en una arquitectura conceptual. Inspirado en una novela medieval. 

El álbum articula una narrativa donde el amor, el sufrimiento y el poder se entrelazan bajo una lógica casi litúrgica. 

La presencia de lo divino se volvió más explícita, no como consuelo, sino como estructura simbólica: un orden que observa, juzga y condiciona. 

Rosalía utilizó la tradición no para reproducirla, sino para interrogarla desde el presente, especialmente en torno al cuerpo femenino y sus mecanismos de control.

Con MOTOMAMI (2022), la forma se fracturó. La solemnidad dio paso a la fragmentación, al gesto abrupto y al exceso. Sin embargo, la ruptura fue estética, no ideológica.

El cuerpo se convirtió en el eje absoluto del discurso: vulnerable y poderoso, deseante y herido, expuesto y autónomo. La espiritualidad, lejos de desaparecer, se desplazó hacia lo físico. 

El templo dejó de estar afuera: habita en el músculo, en la respiración y en la contradicción.

Ahora, si bien, LUX (2025) recoge estas capas y las presenta de manera simultánea, creando un álbum tan amplio que podría ser un rechazo a los límites convencionales:

Del silencio de Los Ángeles (2017) hereda la atención al espacio y al tiempo.

De El Mal Querer (2018), adopta la ambición narrativa, el peso simbólico, simbolismos y la iconografía para referenciar y connotar.

Y de MOTOMAMI (2022), acoge la libertad formal y la afirmación del cuerpo como territorio político y emocional. 

Lo que cambia no es la pregunta, sino la escala: LUX (2025) piensa lo íntimo y lo cósmico bajo una misma lógica que convergen de manera simultánea.

Seré tu reliquia

Este álbum aparece como una forma de fe y pérdida al mismo tiempo, es la liberación de lo que duele y la aceptación de lo que implica vivir y amar. 

Aquí, Rosalía articula una poética donde el tamaño deja de importar. Un gesto mínimo puede contener lo infinito; un cuerpo puede alojar una idea de divinidad. 

La deidad ya no aparece como figura distante ni como dogma, sino como presencia afectiva, como fuerza que duele, acompaña y transforma. 

Este disco explora la espiritualidad desde una perspectiva personal e íntima, tomando como inspiración ciertos pensamientos y creencias que desembocan en experiencias de fe fuera del dogma tradicional provenientes de santas, filósofas y escritoras de varias partes del mundo que vivieron en distintas épocas.

Seré tu reliquia

En términos musicales, el álbum rompe con la noción de género como frontera. LUX (2025) se mueve entre el pop experimental, lo orquestal, lo electrónico, lo sacro y lo tradicional sin jerarquías. 

Al igual que el cuerpo de este proyecto, los 18 tracks que conforman LUX (2025) se despliegan como un hilo conductor que rompe vertientes y canaliza cada intención. 

Cada track cumple una función narrativa, emocional o simbólica, y juntos construyen una experiencia que se escucha más como un recorrido en donde la mayoría de las lyrics reflexionan sobre el equilibrio entre el mundo físico y lo espiritual. 

Algo que también hace elocuencia y un sentido armónico a LUX (2025), son las múltiples colaboraciones que se traducen de forma cohesionada y deliberada. 

La participación de Björk, Yves Tumor, Estrella Morente, Sílvia Pérez Cruz, Yahritza y su Esencia, Carminho, la Orquesta Sinfónica de Londres, la Escolania de Montserrat, Cor de Cambra del Palau de la Música Catalana, Frank Ocean y Patti Smith logran ampliar el campo emocional evocando distintos estados de profundidad y aires sacros al proyecto.

Sin dejar de lado que, uno de los gestos que también representan al álbum es el uso intencionado de 14 idiomas: español, catalán, latín, inglés, francés, italiano, alemán, portugués, árabe, griego, japonés, hebreo, siciliano y ucraniano.

Cada uno de ellos abre una resonancia distinta y crea una manera específica de nombrar lo intangible. 

LUX (2025) no busca imponer un mensaje ni ofrecer certezas. Su objetivo es canalizar: el amor, la pérdida, la fe, el deseo, la duda y la espiritualidad sin dogmas. 

Todo aquello que ha estado presente en la discografía de Rosalía desde el inicio, pero que ahora aparece reunido, sostenido y expandido. Un álbum que no se impone por volumen, sino por permanencia.

El amor no es consuelo, es luz

Uno de los aspectos más interesantes de LUX (2025) es la posición que Rosalía asume como artista. No hay aquí una necesidad evidente de validación externa ni de responder expectativas.

Eso no significa que LUX (2025) sea un álbum perfecto o fácil. Hay momentos que pueden sentirse excesivos, ideas que quizá ganan más por concepto que por ejecución. Incluso en esos desbalances, el disco se sostiene por algo cada vez más raro en la industria musical: una visión clara y personal.

Con LUX (2025), Rosalía nos confirma que no está interesada en repetir fórmulas ni en quedarse donde ya fue celebrada. 

Es un disco que dialoga con la mística, el arte contemporáneo y la música popular sin pedir permiso, y que se interpreta como un espacio de exploración, no de comodidad. Es un recorrido que atraviesa y acepta la vulnerabilidad, el amor y la ternura.

LUX (2025) se impone por densidad, por permanencia y por riesgo. No es un álbum diseñado para agradar de inmediato, sino para permanecer en escucha prolongada. 

Un disco que entiende la luz no como respuesta, sino como experiencia. Y eso, en un panorama cada vez más predecible, ya es una forma de luz.

Porque, como la segunda frase que está plasmada en la carátula del disco y como termina todo: 

“El amor no es consuelo, es luz.”

 — Simone Weil

Rosalía presentará este disco en México, pues la catalana regresa en 2026 con ocho fechas en Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey.

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