Hay días en los que poner una canción alegre no ayuda demasiado. De hecho, intentar cambiar a la fuerza nuestro estado de ánimo puede producir el efecto contrario. La música triste puede funcionar como una forma de acompañamiento, especialmente cuando lo que necesitamos no es escapar de lo que sentimos, sino encontrar algo que lo entienda.
Negativo con negativo dan más
Daniel Levitin, profesor de psicología y neurociencia conductual de la Universidad McGill, explicó a The Globe and Mail que una canción triste puede generar esa sensación de compañía cuando atravesamos un momento complicado.
Para Levitin, escuchar algo alegre mientras estamos deprimidos puede sentirse casi como si alguien no entendiera lo que nos pasa. Una canción triste, en cambio, puede hacernos pensar que alguien más está pasando por un lugar parecido.
La relación también tiene una explicación desde el funcionamiento del cerebro. Levitin señala que la música y las letras se procesan en redes diferentes, por lo que la música instrumental puede ser una alternativa cuando estamos abrumados y queremos evitar que el lenguaje siga ocupando nuestra atención.
Por otra parte, Jennifer Buchanan, terapeuta y autora del libro Wellness, Wellplayed: The Power of a Playlist (2021), coincide en que cierta música puede conectar con el estado emocional de una persona y ayudarla a acercarse hacia cómo quiere sentirse. La música no necesariamente tiene que cambiar nuestro ánimo de inmediato; también puede acompañarlo mientras cambia.
Y tampoco todo depende de bajar las revoluciones. Sean Hutchins, director de investigación del Royal Conservatory of Music de Toronto, explica que la música rápida y fuerte está relacionada con una mayor activación fisiológica, mientras que el aumento del ritmo cardíaco puede tener un efecto positivo en el estado de ánimo.
La música triste acompaña en todo momento
Entonces, ¿en qué quedamos? Que la playlist puede ser menos una receta para estar felices y más una manera de escuchar lo que necesitamos en cada momento. Además, el volumen alto y la repetición rítmica rápida son factores que benefician, sin hablar del sentido de acompañamiento que genera la música triste.
Quizá por eso la música sigue ocupando un lugar tan extraño y cercano en nuestra vida. No siempre tiene que sacarnos de un momento difícil; a veces basta con encontrar una canción que se quede ahí con nosotros. Porque sentirse acompañado también puede ser una forma de empezar a estar mejor.
