Reseña del MOTOMAMI (2022) de Rosalía: A de apropiación, S de sample, de sata

Txt por Sofía Manzano (@__sad_morrita__).

A de apropiación, afrocaribeño, américa-latina. B de blanquitud. C de caserío, también ‘ce’ de capitalismo. D de Daddy Yankee y dembow. E de extractivismo, expensiva, emperatriz, españa. F de flow. G de guapa. H de hibridación cultural. I de inspiración. J de josear. M de MOTOMAMI, MOTOMAMI, MOTOMAMI. N de ni se te ocurra, ni pensarlo. O de Omega. P de Puerto Rico. Q de uy, qué bellaka. R de reggaetón, real g. S de sample, también ‘s’ de sata. T de TAYHANA. U de urbano. V de Versace. W de Wisin y Willie Colón, X de xapiadora y xulita. Y de yo quiero es una gata para darle guata-uba, uba, uba-guata. Z de zun da da, o de zapateado, o de zorra también.

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Desde que apareció la gyal de Barcelona en el mapa, rápidamente alcanzó la fama y logró un merecido reconocimiento por parte de la industria cultural. No obstante, en el proceso recibió fuertes cuestionamientos, críticas y en contraparte, alabanzas. Rosalía, como artista y música de formación, tiene una obra discográfica consolidada y propositiva, pero con prácticas y decisiones creativas demasiado problemáticas.

No es para menos, con el capital social que fue adquiriendo a la par que construía su trayectoria. Las oportunidades para colaborar con cualquier artista se fueron presentando y maquinar featurings de la catalana con artistas del momento poco a poco se fueron haciendo realidad.

Se habló con mucho revuelo sobre las implicaciones que tenía un álbum conceptual como El Mal Querer (2018) en el panorama musical en ese momento. El señalamiento predominante para Rosalía desde entonces fue su incurrencia en la apropiación cultural. Con el MOTOMAMI (2022) logró desmarcarse totalmente del sonido y estética de su trabajo previo. Sin embargo, el seguir apropiándose de otras culturas lo continuó haciendo.

Tildar de buena o mala, aceptable o inaceptable una obra discográfica, puede manipular su «coeficiente artístico» personal, que, en palabras de Duchamp, refiere a la relación aritmética entre lo inexpresado, pero intencionado y lo expresado sin intención; y sobre todo, alteraría su proceso de trascendencia a la posteridad.

Sentenciar al MOTOMAMI (2022) como un pésimo disco sería algo que eliminaría la oportunidad para abrir un diálogo y limitaría la generación de reflexiones sobre todo lo rescatable que se aprecia al escucharlo. En cambio, decir que es excelente ¿Nos hará olvidar, hasta que pase el hype de su tour, todo lo cuestionable que expresa el álbum?

Creo que sí hay agencia en dejar de situarnos sólo en lo blanco o sólo en lo negro; para comenzar a encontrarnos en una escala de grises. Sí, me hace demasiado ruido, pero ‘La Combi Versace’ y ‘Diablo’ las escuché en loop por semanas.

Un tracklist con 16 canciones, ‘42’ 25’’’, dos colaboraciones, algunos sneak previews en Tik-Tok y tres sencillos previos incluidos en el álbum. MOTO, MAMI???

La primera canción que llamó mi atención y que escuché antes que los demás tracks en orden de aparición fue ‘Abcdefg’, una grata sorpresa; un skit formulado a partir de una poesía sonora. Más allá de evidenciar el manejo del abecedario por parte de la Rosalía, me pareció refrescante que se incluyera una pieza creada a partir de una práctica artística asociada más al arte sonoro que a la música.

Son evidentes las cualidades estéticas de su voz y también se aprecian las ideas básicas que construyen a la poesía sonora: la repetición de palabras hasta que pierdan el sentido, la creación de palabras inexistentes y la desarticulación de oraciones o palabras para estimular su sonoridad. Que “yantas” se escribe con “LL”, pero también con ”Y” depende de si queremos conducir o comer.

La gata está buscando que le funda el foco

La poesía sonora, así como el sampleo (técnica de insertar Objetos Sonoros en composiciones musicales) y la manipulación electroacústica de la voz, se preocupan también por la enunciación de las palabras, modificando el sentido original de la misma. ‘SAOKO’ es un ejemplo contundente.

Más allá de mencionar si es sobresaliente la producción de la canción o si funcionan los efectos sonoros, es evidente como esta canción apela a la memoria sonora. Accionando también la memoria colectiva, histórica y afectiva de las personas que escuchan reggaetón, en distintas latitudes, pero específicamente en Puerto Rico.

Existen sonoridades que se arraigan a géneros musicales y es casi imposible no asociar sonidos o un patrón rítmico con una expresión artística en particular. El boom-ch-boom-chick boom-ch-boom-chick es al reggaetón como el boom-bap al hip-hop. El primero como la derivación del segundo. No obstante, por mucho tiempo estos dos géneros musicales fueron menospreciados, criticados y criminalizados.

Con el lanzamiento de ‘SAOKO’ y la utilización de un sample, (o puede ser considerada también como una interpolación) de un clásico de reggaetón se evidenciaron abiertamente los discursos y las pruebas respecto al blanqueamiento del género y se confirmaba que la Rosalía no comprendía en su totalidad las implicaciones de apropiarse de sonoridades que habían funcionado en su momento como resistencia y que, a su vez, provocaba un desligazón.

Comenzando con el rechazo, posteriormente con la paulatina aceptación y finalmente propiciando una asimilación. Que la motomami utilizara ritmos característicos de la cultura afroboricua en algunas de sus canciones no lograba del todo hacernos olvidar que el dembow es un elemento de la música negra.

Wisin y Daddy Yankee, cantantes y raperos boricuas, colaboraron en un track titulado ‘Saoco’ que se incluye en el álbum El Sobreviviente (2004). Es bien recibido, se convierte en un éxito y trasciende como un clásico entre los entusiastas del reggaetón.

Una rola que no podía ni puede faltar en un party de marquesina. Dieciocho años después se retoma, y se resignifica totalmente para otra pieza musical. Me parece pertinente apuntar que algunas personas reconocieron la canción sampleada, otras tantas ignoraban de dónde provino y unas cuantas pensaron que era creación total de la cantante.

Ella es loquita, pero dulce como candy

No podemos seguir negando que la música está atravesada por la raza y clase, y que esto ha sucedido gracias a procesos históricos, sociales y culturales. Y por más que queramos ignorar esta realidad, más se evidencia. El pensar que la música es un lenguaje universal, y que la música es sólo música, es contraproducente. Ocultamos su potencial de infligir daño. Nos hace perder de vista la constante relación asimétrica de poder que existe a través y en ella.

 No debemos reducir al fenómeno musical a sólo entretenimiento. En 2004, el reggaetón sacudió al mundo, y no fue bien recibido, fue censurado y estigmatizado. ¿Qué fue lo que cambió? Actualmente, el reggaetón sigue vigente y ha logrado mucho más reconocimiento, sigue llegando a más escuchas y alcanzó una legitimación.

No obstante, como escribe Ted Gioia: “El proceso de legitimación requiere cierta distorsión, hace falta ocultar los orígenes de la música y darle un nuevo uso para satisfacer las necesidades de los que ocupan las posiciones de poder” (549). Y se ha evidenciado, desde hace mucho tiempo atrás, la existencia de procesos violentos como la hibridación y apropiación cultural, el blanqueamiento de prácticas culturales y artísticas, y el extractivismo epistémico en la música.

Rosalía hace música que es disfrutable y privarnos de esta no sería la solución. Por otra parte, aceptar sin cuestionar los discursos que sostienen su obra, es parte del problema. Qué si Rosalía revivió un clásico de reggaetón o que sí puso en tendencia otra vez a la bachata con “LA FAMA” a lado de Abel Tesfaye.

Sugiere una narrativa donde ella sólo está retomando y únicamente se inspira en la música afroboricua, afrocaribeña y ritmos latinos y este relato no es del todo inocente porque también comenzó a utilizar su slang y estética. Su práctica de usurpación es aceptada y la motomami es aclamada.

Una mujer blanca y española se adscribe como latina e incursiona con más reconocimiento que artistas negrxs y racializadxs de Caribe y es validada por la lógica dominante. Como ejemplo, tenemos las canciones virales: ‘CANDY’, ‘CHICKEN TERIYAKI’ y ‘BIZCOCHITO’. La violencia simbólica y la forma de frenarle no recae solamente en quien consume, tiene que ver con la producción. Ahora bien, esta dicotomía siempre está en constante conflicto para poder mantenerse, y a la par existe otra relación: artista – fan.

Erróneamente hemos pensado que como fanáticas y seguidores tenemos que apoyar y stanear todo lo que hacen nuestros artistas favoritos. Cuando una obra provoca interrogantes no deseadas, se genera un ríspido enfrentamiento, que muchas veces no es prolífico. El fandom de la catalana es un claro ejemplo: No se pide que la dejen de escuchar, pero sí que se vuelvan conscientes de que Rosalía sigue perpetuando a través de su práctica artística sistemas de opresión como el racismo y la colonialidad.

Y al final, si aceptamos que es mero music business sólo se nos invita a elegir que escuchar y que no, si te gusta lo consumes o todo lo contrario, te limitas y no generas reproducciones. El capitalismo nos hace creer que tenemos libre albedrío y nos hace pensar que podemos elegir.

KEEP IT CUUUUuuuuuute

En lo sonoro-musical se incrusta información respecto al contexto y los relatos históricos y políticos en el que surge un Objeto Sonoro, y no sólo eso, también proyecta a través de este, el estilo de vida de quien lo oye. Cuando se comienza a implementar una escucha más consciente, identificamos y nos percatamos de datos y referencias.

Sin embargo, no debemos de ir tratando de racionalizar, pensar rigurosamente ni tratar de explicar todo lo que se oye porque es cansado, es limitante y nos quita el poder de sentir pasión por nuevos sonidos. Encontrar un equilibrio es una constante que nos puede detonar procesos insospechados para obtener conocimiento, prestar atención de nuestro entorno y conocernos más a nosotras mismas con sólo escuchar.

Rosalía se nombra y funge como intérprete, compositora y productora de la creación total del MOTOMAMI (2022), lo que denota más responsabilidad en el proceso creativo. Y debido a esto, considero que fue más interpelada. Aunque también se incluyera a otras personas relacionadas en cuanto a la producción, la creación de beats, el ensamble de instrumentales y composición de las letras.

“Quiénes forman parte de la cultura dominante tratan de reescribir la historia para ocultar la importancia de quienes están al margen o para redefinirlos de modo que parezca que formaban parte de la cultura dominante.” (Gioia 549)

Se pueden nombrar a los involucrados, pero la motomami termina por eclipsarles. En contraparte, C. Tangana se consagró con su tercer álbum El Madrileño (2021), construido a partir de nombrar y colaborar con músicos e intérpretes ya posicionados en otros géneros un tanto ajenos del que provenía Antón con el fin de armar una narrativa a partir de alear sonoridades que históricamente siempre han estado conectadas.

Puchito supo acomodar los elementos que tenía a su alcance para lanzar su álbum, y desde su posición dentro de la lógica dominante, para bien o para mal, provocó que Niño de Elche, José Feliciano, Eliades Ochoa, Gypsy Kings, Kiko Veneno y Toquinho tuvieran a una nueva generación interesada en su obra discográfica respectivamente. Y en la ley del uso y abuso, siempre se agradece poder generar más.

Rosalía logra accionar con similitud en ‘LA COMBI VERSACE’ en compañía de Tokischa. Con prestigio, una legitimidad alcanzada y con la premisa de potenciar su visibilidad, decide trabajar no sólo con ella, y selecciona a TAYHANA para incorporar una de sus maquetas de instrumentales a ‘CUUUUuuuuuute’, siendo una de las canciones que más llamaron la atención. Se logró generar una atmósfera inmersiva mediante efectos sonoros construida a partir de varias capas de sonido y ritmos varios. Y escuchar algo así, siempre es placentero.

Resaltando el implacable uso de la teoría musical, la técnica en los efectos sonoros, al igual que las decisiones creativas sumamente proactivas; es destacable la incorporación de Objetos Sonoros: voces, sonidos para-musicales y otros materiales musicales que podemos considerar pregrabados.

Estos se encuentran incluidos dentro de las canciones y también, actúan en algunos casos como un conector entre ellas, más allá de nombrarles como intros, interludes y outros. Los objetos sonoros son sumamente nutritivos para la narrativa del álbum que consciente o inconscientemente, intencionado o no, se hace presente. ‘DELIRIO DE GRANDEZA’, ‘G3 N15’ y ‘SAKURA’, claros ejemplos.

El poder del disco radica en la experiencia de quien lo escucha y cómo le escucha. Es importante identificar lo que nos genera y también lo que no. Existen cambios y fusiones muy notables entre sonidos y patrones rítmicos que podríamos considerar disonantes, pero no molestos. Modulaciones, pausas y silencios ocultos, al igual, que cada capa de sonido genera palimpsestos cargados de información que nos invitan a prestar atención con cada escucha: ‘DIABLO’ y ‘COMO UN G’.

Con el sonido también podemos aludir identidades, provocar identificaciones y crear representaciones, pero con esta capacidad también aparecen interrogantes y señalamientos. Aquí radica la importancia de la memoria sonora; con lo histórico y afectivo incluidos. En ‘BULERÍAS’ se aprecian sound marks (marcas sonoras), es decir, aquellos sonidos que forman parte de la identidad sonora de una cultura, instaurados a partir de una convención y sobre todo, representativos de la vida en la comunidad. La música está construida a partir de sonidos y no sólo de notas, un constante recordatorio.

Te quiero ride como a mi bike

Manteniéndolo divertido: ‘HENTAI’ y ‘MOTOMAMI’ se dan a conocer con TikTok con algunas opiniones encontradas. Si fue innovador, revolucionario y transgresor o no, cada quien emitirá su veredicto. Eso sí, se logró que se repensara la concepción musical que tenemos como máxima y no sólo eso, trastoca al paradigma artístico-musical y a sus procesos adecuados para hacer un disco. Keep it cute y lo más simple que se pueda, que, en una de esas, sin tanto “virtuosismo” y “complejidad rigurosa” puedes lanzar uno de los álbumes más importantes de la década.

Entre más lo repites, y lo repites, y lo repites, inconscientemente se aloja en tu memoria y no es difícil de lograr, sólo hay que saber engañar al oído. Que tu cerebro se encarga de lo demás y te termina gustando. «Siempre repítelo hasta que te lo creas». Al MOTOMAMI (2022) le celebró dos cuestiones: su funcionamiento y emisión y parte de su contenido.

Lírica muy personal; a ratos, enamorada del amor y a ratos, todo lo contrario. Viviendo el sueño de ser una popstar, pero también renegando de lo que perdió y ganó. Eso sí, siempre haciendo lo que le viene en gana porque ya tiene la fama.

Juega con la identificación mediante sus versos, con el objetivo de resumir tu situación emocional para expresarla en 15 segundos en una historia de Instagram y que sea fácil de tuitear, siempre lo vuelve mucho mejor. Que las canciones de amor, no precisamente de amor romántico, son también canciones políticas porque las nuevas formas de concebir el amor y cantar sobre este, suelen amenazar al status quo.

El álbum está pensado para TikTok, donde los fragmentos audiovisuales relativamente cortos y en loop moldean lo que te interesa, te gusta y lo que anhelas. El coco-wash moderno, en dupla con el algoritmo que siempre está bien pilas y nos manipula. No me estoy quejando, aunque así parezca, porque mucho de mi repertorio musical ha sido gracias a las recomendaciones de la aplicación. Después de escuchar el mismo audio, terminó buscando la canción y la guardó en Spotify porque “sí está chila”.

Al enunciarme como crítica y al emitir un juicio, lo quiera o no, aporto a la formación de un discurso o de una opinión que es compartida por más personas. Escribir es posicionarse, y hago lo primero a partir de la experiencia con la escucha y gracias al conocimiento que poseo; este texto es sobre el álbum, pero también tiene que ver con el sentir-pensar y lo comparto esperando generar una resonancia y puede que también, inconformidad.

Lo primordial es que no sigamos aceptando, sin escuchar cuestionamientos, cualquier narrativa que sostiene a un artista o a un producto cultural porque después los volvemos intocables y muchas veces tenerles en ese estado no ayuda a reposicionar las formas y procesos de creación. 

Rosalía es un nuevo referente en la industria cultural y un icono en la cultura pop. El disco es problemático, en parte, por cómo aborda el contenido y en la forma que lo expresa; aunado a los discursos y las narrativas que se fueron entretejiendo alrededor de este.

Es grato ver como una mujer se planta como lo hace ella en una industria que ha sido dominada y manejada, durante bastante tiempo, por hombres. Sin embargo, brinca que intente hablar e imitar el acento boricua y que utilice la jerga, la estética, y la música afrocaribeña a conveniencia para su creación artística.

Es un referente importante en la música actual, sí. Aceptar que el MOTOMAMI (2022) tiene patrones rítmicos interesantes, texturas y atmósferas envolventes no es impedimento para enunciar que se apropió de una cultura. Ignorar que estamos inmersos en un sistema capitalista y que este mismo nos invita a tomar lo que nos gusta, es parte de la problemática. Estar inmersos dentro de la cultura-mundo no nos hace inmunes de cometer extractivismo, pero ser conscientes convierte a nuestro proceso creativo y de consumo en algo mucho más ameno.

En este caso, por un largo periodo no se consideró lo que se estaba gestando en Caribe, hasta hace unos cuantos años. Pelearse por defender las acciones, prácticas y decisiones de artistas blancas como Nathy Peluso y Rosalía no reditúa porque seguimos discutiendo meramente sobre lo representativo y no tanto lo discursivo. Y esta cuestión es mucho más profunda, donde el sonido va incluido.

Las cosas se alteran, todo se transmuta porque todo tiende a ser modificado. La impermanencia existe y da pauta a reposicionar lo que está a nuestro alrededor, pero en el proceso seguimos cometiendo los mismos errores pensando que es un cambio y una acción radical.

Dejar de escuchar y de disfrutar una canción o un álbum porque es abiertamente problemático no es lo mejor porque te restringes, pero sordearse de ser consciente es mucho peor. Y no porque te parezca sumamente agradable, tienes prohibido cuestionar lo que se está reproduciendo en tus bocinas y audífonos. Después de escuchar el MOTOMAMI (2022) en loop, ya decidí que hoy se sale con todas las motosmamis, con todas las gyales y no precisamente porque ande DESPECHÁ.

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Obra citada: Gioia, Ted. La música: Una historia subversiva. Traducido por Mariano Peyrou, Editorial Turner , 2021.