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El poder del sonido en escena: la magia musical de Cirque du Soleil Ovo

Cirque du Soleil OVO Cirque du Soleil OVO

Con una extensa trayectoria que lo respalda, el Cirque du Soleil se ha consolidado como uno de los espectáculos más aclamados del mundo entero. Un show que combina la gracia y el encanto de un circo tradicional con la emoción y el sentimiento de las bellas artes interpretativas.

Sin embargo, más allá de su propuesta visiblemente atractiva, existe un factor que le da ese toque especial que eriza la piel; algo que no se ve, pero que resuena en cada parte del ser, que se cuela entre los huesos y da vida a lo que el ojo y la mente interpretan: la música.

La semana pasada, el Cirque du Soleil presentó Ovo en Guadalajara, un acto teatral impresionante que invitó al público a adentrarse en el fascinante hábitat de los insectos con un número tan bien ejecutado que no necesitó palabras para contar una grandiosa historia.

Música, acrobacias y color: El comienzo de un camino inimaginable

Un huevo gigante dio la bienvenida a los asistentes al ingresar a la Arena VFG. Un par de abejas, mariquitas y escarabajos danzaron entre el público al sonido de la última llamada, cuando, de repente, el tenue pero electrizante sonido del violín irrumpió, seguido por una alegre melodía de bienvenida.

Los insectos tomaron el escenario, y el color y la magia se apoderaron del público, que observaba con asombro el inicio de uno de los espectáculos más conmovedores y emocionantes que ha llegado a la ciudad.

Cada movimiento, cada acrobacia, cada hazaña contaba una parte de la historia, perfectamente acompañada por arreglos musicales que se adaptaban a cada personaje.

La libélula, con su increíble muestra de fuerza, resistencia y equilibrio, se presentó al ritmo de una canción desafiante con altos y bajos que mantenían al público al borde del asiento.

La misteriosa araña, que contorsionaba sus extremidades, se movía al compás de un ritmo continuo y envolvente, casi hipnótico.

La mariposa agitó sus alas de tela al compás de una suave melodía que recordaba que la belleza y la pureza suelen esconderse en los pequeños detalles.

La voz de la cantante, cuyas letras no se entendían pero que, con solo un par de monosílabos, fue suficiente para hechizar los oídos de toda la arena.

A pesar del aire melancólico que el escenario proyectaba en ciertos momentos, la energía y el dramatismo característicos de los ritmos tropicales dominaban la mayor parte de las escenas, aportando una emoción vibrante que, por momentos, resultaba cómica.

Así suena la magia: la banda sonora que hace vibrar a Cirque du Soleil Ovo

Ovo es completamente en vivo. Detrás de esos toques sentimentales, canciones envolventes y ritmos coquetos, se encuentra una fabulosa banda compuesta por siete músicos que, aunque permanecen tras bambalinas, logran acompasar con precisión cada movimiento, respiración y gesto.

El ambiente de Ovo es carnavalesco; la influencia de la música brasileña se percibe desde el primer momento. La escenografía, dominada por flora y fauna de colores brillantes, transporta a un paisaje inspirado en la selva tropical.

Más que un espectáculo visual, Ovo es una experiencia que combina calidad sonora e impacto performativo, apelando al alma sensible que habita en cada espectador —incluso en el de los insectos.

Con cada melodía, nota y canción, el Cirque du Soleil deja claro que una puesta en escena se convierte en experiencia cuando los elementos correctos se combinan para provocar algo más que placer visual: emoción genuina.

Es cuando el corazón late y el alma brilla. Por eso, Ovo no solo deslumbra por su estética visual, sino que se convierte en una sinfonía de emociones que transforma cada escena en una experiencia sensorial completa, donde la música y el movimiento se funden en perfecta armonía.

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