Desde Huamanga, capital de la región andina de Ayacucho en Perú, surge una de las voces más singulares de la electrónica experimental latinoamericana. Brageiki es el proyecto del compositor Braigan Vega, artista nacido en Lima y trasladado a los Andes durante su adolescencia. El cruce entre metrópoli y provincia, entre ruido urbano y paisaje montañoso, ha marcado su forma de crear.
A través de sonidos introspectivos y estructuras no convencionales, Brageiki construye una obra que no traduce una identidad fija, sino un tránsito permanente. Su nuevo álbum, ‘Pawanayki’, prolonga esa búsqueda desde el gesto migratorio.
El disco toma su nombre de una palabra quechua que evoca el vuelo, y está concebido como un homenaje a las aves migratorias que han inspirado mitos y rituales en los Andes. La estructura de Pawanayki responde a esa lógica: no se impone una narrativa, sino que se permite el desplazamiento. Cada una de sus diez piezas fue grabada en Urpicha Records bajo la producción de Joaquín Bock, y desarrollada a partir del charango como base sonora. Los arreglos fueron trabajados junto a Alan Villanueva, y el proyecto fue posible gracias a los Estímulos Económicos del Ministerio de Cultura del Perú. El lanzamiento corre por cuenta de A Tutiplén Records.
El charango, instrumento tradicional andino, es el hilo conductor del disco. Pero su rol no es ornamental ni anecdótico. Se transforma en cuerpo extendido del compositor, intervenido con efectos digitales y procesamientos que lo acercan a lenguajes electrónicos. A ratos se presenta claro, casi desnudo. En otros pasajes, se diluye o muta, generando texturas que insinúan movimiento, desarraigo o reacomodo. Lejos de encasillarse en una lectura nostálgica, el álbum propone una escucha atenta, donde lo andino y lo contemporáneo conviven sin jerarquías.
Pawanayki se articula como una respuesta sensible a los cambios territoriales, afectivos y culturales. Su impulso creativo no proviene de una afirmación rígida de pertenencia, sino del deseo de seguir desplazándose, incluso sin certezas. Brageiki no retrata un paisaje exterior, sino las consecuencias internas de habitar un territorio que se transforma constantemente. Lo que se escucha es también lo que se reconfigura.
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